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En la vida pasan cosas, lo difícil es hacer que pasen las cosas que uno quiere. Y cuando se trata de un equipo aún cuesta más.

A nivel individual estoy contento, salir en contraportada del Deia en Domingo es una cosa que uno quiere y pasa sólo de vez en cuando. Así que hoy estoy celebrándolo y lo comparto con vosotros.

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A nivel de equipo estoy orgulloso de tener un proyecto en equipo que se ha iniciado esta semana. Días intensos en trabajo de coaching individual y entrevistas en equipo. Y también en equipo el fin de semana he participado en una de las mejores formaciones de coaching de equipos, ORSC, liderado en España por la empresa Arise.

Como siempre que asisto a formaciones termino agotado porque intento dejar todo lo que se en la puerta para dejarme llenar del conocimiento que traen las facilitadoras y las compañeras. Una vez más personas humildes, sabias, generosas, respetuosas, divertidas y con ganas de compartir y aprender. Construimos un ambiente precioso ideal para el aprendizaje.

Y esta vez ha habido algo que lo ha hecho especial, diferente. Hemos tenido que hacer que las cosas pasen, y es mágico cuando sucede. Pasado el ecuador de la formación había una parte del grupo que estaba algo decepcionado y pensaba que estaban sacando poco provecho. Y había otra parte que estaba disfrutando. La opción más fácil era dejarlo pasar, terminar el curso y en la evaluación expresar su frustración, que iba en aumento. Era fácil, no cómodo, porque la desmotivación era evidente y eso afectaba al funcionamiento de la formación.

Hablaré en plural porque en un equipo aunque las decisiones se expresan a través de los individuos es el sistema el que las toma (esto es parte de la teoría de coaching de equipos, es así, creedme). Decidimos afrontar la situación, escuchar las voces más críticas, las neutrales, las molestas y también las más satisfechas. Fue incómodo, a nadie le gusta afrontar un conflicto. Y a la vez resultó un regalo porque allí mismo las líderes nos condujeron hacia la resolución del conflicto con una humildad y serenidad envidiable. ¿Qué hicimos?

  • Decidir bien qué era lo que teníamos que resolver.
  • Escuchar a todas las personas.
  • Entablar un diálogo ordenado de todos los roles implicados.
  • Intercambiar roles, sentirse en el zapato de otras personas que no son tú ni tu postura.
  • Resumir lo que habíamos aprendido en dichas conversaciones.
  • Trabajar y priorizar acciones en grupo.

El resultado fue un aprendizaje espectacular, un final de curso emocionante y satisfacción para todo el colectivo. Finalmente todos entendimos que nos llevábamos aquello que veníamos a buscar. Y algo que nos llenó de orgullo, hicimos que las cosas pasaran. Construimos aquello que realmente queríamos.

Y tú ¿Dónde necesitas hacer que las cosas pasen? Da un paso. Lo peor que puede pasar es que la situación que quieres cambiar lo haga a peor. En dicho caso siempre puedes dar un pasito más. Y otro. Y otro….y eso que buscas llegará.

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